jueves, 26 de abril de 2012

'Malasombra', cuando la virtud se convierte en exceso

El Cultural de El Mundo -del mismo grupo editorial que anuncia inminentes despidos en su plantilla- otorga su Premio Valle Inclán a Carmen Machi y lo acompaña de 50.000 euros como dotación. Sigo perdida en la contradicción mientras recuerdo que los Max, los verdaderos y oficiales premios del teatro patrio, están a la vuelta de la esquina. Una nueva edición en la que una producción mallorquina peleará por el galardón al Mejor Espectáculo Revelación: Malasombra. La aventura en la que la compañía Au Ments unió danza y animación sobre el escenario de la mano del dibujante Max.

Hace meses que la obra dejó la Isla para seguir su andadura nacional, el Teatro Jovellanos de Gijón ha sido uno de los últimos en programar el montaje. Pero a tres días de su posible coronación por sus compañeros de sector, merece la pena recordarla.

El origen, lo relataba Elena Vallés, comenzaba en la mente de Max. El dibujante tenía astillada en el cerebro La maravillosa historia de Peter Schlemihl de Adelbert von Chamisso. Era el relato de un hombre que vende su sombra al diablo, sin saberlo, a cambio de riquezas infinitas. Lo que podría parecer sólo un juego de magia acabará por transformarse en una vida de frustración y reclusión porque nadie quiere relacionarse con un hombre sin sombra.

El Premio Nacional de Cómic 2007 encontró en Au Ments el cauce perfecto para dar forma a su idea. Primero sería apenas un guión; después, un espectáculo. Una combinación de danza y teatro visual que incluía la videocreación, el teatro de objetos o las sombras experimentales. Convertido en libreto, el personaje de Von Chamisso se transformaba en Malasombra: un ser "dedicado a robar sombras para luego esclavizarlas en una fábrica". Sobre el escenario dirigían Tomeu Gomila y Andrea Cruz.

Para alguien profano en la materia, la propuesta resultaba tan llamativa como atrayente. Pero al levantarme de la butaca sentí que, por fin, decía adiós a una experiencia extraña, incómoda y repetitiva. Quien vaya a ver Malasombra no encontrará lo que cualquiera entendería por danza. Au Ments echó mano de la conocida como danza expresionista para este nuevo montaje. Una disciplina que nació a principios del siglo XX cuando la danza tradicional -ésa que se asociaría al ballet clásico- adquiría una nueva estética. Ya no valían los saltos, los pasos establecidos o el ritmo. Se recuperaba el movimiento libre y la autoexpresión corporal. Algo que, a ojos del neófito, es una especie de teatro histriónico. Un movimiento de pasos cortantes, sesgados. Bruscos y, a veces, incluso torpes.

Podría tratarse, simplemente, de una cuestión de género o disciplina. Pero el mal sabor de boca de Malasombra va más allá. Uno de los primeros fallos del montaje, consensuado con el célebre señor Wretch, es que la obra no tiene claro su público objetivo. Su título pulula en internet como un espectáculo pensado para niños, pero cuando el espectador ocupe la butaca comprobará que hay algo que no encaja. Quienes analizan el cuento original de Von Chamisso reconocen que en la historia también había un doble registro. Uno pleno de fantasía que conquistaba a los más pequeños y otro más profundo, pensado para adultos, en el que la sombra era una metáfora del alma.

La cosa descuadra desde las primeras escenas. Una protagonista femenina, interpretada por Magda Tomàs, que no se sabe muy bien si es una niña o una joven nada inocente. Su papel está plagado de gestos más que sugerentes, de un continuo empeño en subirse la falda y jugar con una suerte de 'a ver qué te enseño' que me dejó la ceja por encima del flequillo. Una especie de contenido sexual velado que no hace más que crecer a lo largo de la obra en un guión que, a priori, no tiene relación con el tema. El 'malo' de la película será después partícipe también de esta ambigüedad para terminar de liar el asunto.

Mientras intentaba adivinar de qué iba todo aquello -con aquella molestia era difícil seguir cualquier guión-, llegó la música. Una banda sonora ruidosa, molesta, un rock experimental machacón que turba la mente y le da al montaje un aura aún más oscura. El chileno Rodrigo Latorre y los músicos Púter y Kiko Barrenengoa -excelente creador de Fameliars- eran los responsables de aquella caja de sonidos.

El disfrute llegó cuando aparecieron los juegos de la sombra y las proyecciones. La escenografía se convierte en el marco de una gran pantalla en el que se proyecta Malasombra. Un personaje oscuro y temido en dos dimensiones que danza con bailares de carne y hueso. Movimientos trepidantes o delicados en los que el ojo espectador llega a confundir realidad y ficción. Un mérito con firma de Max que, sin embargo, peca de ser excesivo.

El juego de las sombras experimentales es el gran éxito de este montaje. Las proyecciones dejan de ser un accesorio para adquirir tanto protagonismo como lo carnal. Cuando se hace la noche sobre el escenario, despierta la magia. La jaula es un cubículo ínfimo o una gran cárcel capaz de atrapar todo cuanto se le antoje. Las primeras escenas son una delicia. Las 200 que siguen después, un exceso. Estirar una virtud no sirve más que para estropearla. Un gran truco venido a menos.

¿Se pierde Malasombra en la pirotecnia efectista? Quizá sí. Pese a conocer las líneas generales del cuento de Von Chamisso, la obra se pierde en una sucesión de imágenes y gestos que no parecen seguir guión alguno.

Sin embargo, la obra deja pasar una gran oportunidad en lo que al personaje de Malasombra se refiere. La historia del cine de animación sabe lo difícil que le ha resultado inventar a los malos de la historia. Disney es sólo una de las grandes fábricas de seres malignos con más o menos acierto. El súmmum, para mí, el gran diablo que diseñó para Una noche sobre el monte pelado en Fantasía mientras sonaba Mussorgsky.

Si Godzilla demostraba lo perjudicial que puede resultar para una película mostrar a un monstruo entero cuando no se ha acertado mucho en el diseño. Malasombra es inmenso, en tamaño y personaje, cuando se mueve por el escenario con sus dedos puntiagudos acechando. Gabardina y bombín girando a un ritmo diabólico hasta que adquiere tridimensionalidad y toma forma como Tomeu Gomila. El ser terrible se convierte en un hombre mediocre y torpe que no hace más que seguir el juego de aquella ambigüedad provocativa. La novedad del espectáculo bien vale, eso sí, un Premio Max.

martes, 17 de abril de 2012

Mallorca espera su 'Mediterráneamente'

A los de 'Mallorquinamente' les queda poco para ver cumplido su sueño. Hace sólo unos días Marta Capdevila confirmaba desde Estrella Damm que la cervecera ha elegido Mallorca para su campaña Mediterráneamente 2012. La cosa, reconocen, está "muy verde". La marca sólo sabe que la agencia Villarrosàs volverá a unirse a ellos para sacar adelante el spot. Nada se sabe, aún, de si habrá fichaje estrella como ocurrió en 2011 con Isabel Coixet.

Pocas cosas hay seguras por el momento. Estrella Damm trabaja en la historia que servirá de hilo del anuncio para decidir si Mallorca estará, o no, acompañada por otra localización en el spot. No importa. Desde la cervecera son tajantes: "Queremos que Mallorca esté en el anuncio". El mar, eso sí, será el protagonista. Para alejar las dudas, la marca reconoce que ya ha realizado en Palma algunos castings para seleccionar a quienes serán figurantes. El spot se rodará en la primera quincena de mayo y, previsiblemente, podría comenzar a emitirse en junio.

Podría parecer sólo un anuncio más. Marketing, del bueno o del malo, hecho para aumentar el consumo de cerveza y, hay que reconocerlo, las visitas a este blog. Pero hay que recordar las palabras de la portavoz del Grupo Popular en el Consell de Menorca, Juana Francisca Pons: "[El spot] no nos ha costado nada y con él hemos conseguido más turistas que los convenios firmados con alemanes y británicos". Podremos esperar otro Billie The Vision & The Dancers y otro Tonight, tonight que nos alegre el verano. Pero también, la proyección de una imagen de la Isla alejada del Magalluf de turno aunque empañada, eso sí, por un nuevo hotel que si no está en Es Trenc sí está en Sa Ràpita. "Me gusta ver que empieza a estar nuestra Vía de Cintura llena de coches de alquiler, eso es bueno para todos", publicaba ayer en Facebook el rockero mallorquín Jaime Anglada... y razón no le falta. La campaña ha demostrado ser un regalo para el turismo de las Islas siempre que las ha pisado, aunque Menorca fue la única que supo o pudo estar a tiempo de aprovechar el tirón. Podríamos decir que Mediterráneamente vuelve a casa.

Mientras Estrella Damm llega, la caja tonta dispara dos anuncios dignos de reseñar. El primero el del parte muy muy amistoso de Click Seguros. Detrás, la agencia Lola (Lowe Latina). Lo bueno no era el spot en sí, sino lo disparatado y absurdo de una idea que funcionaba. No sé si en ventas de la aseguradora pero sí en televisión. Los nuevos asegurados tenían el derecho a escoger un regalo: una noche de hotel o una sesión de spa para dos personas. "Porque pensar así, es muy de Click", dicen ellos. Y la imagen del parte de un accidente que acaba con los propietarios sumergidos en un jacuzzi no tiene precio. "La publicidad convencional tiene los días contados", asegura la managing director de la agencia, Cristina Abril. Y acierta. No sólo porque las aseguradores -tanto de coche como de hogar- ya no sepan como dar otra vuelta de tuerca, sino porque cada vez más se demuestra que los spots trascienden más allá de los publicistas.




La agencia Lola ya lo había demostrado también de la mano de Visionlab y su pegadizo Gratu-ito. Cómo intentar hacer humor al 'estilo' de Mixta -sin caer  en la vergüenza ajena- o la revisión del Amo a Laura de Guille Milkyway son algunas de las interpretaciones que la red ha dado a este spot. Según explican desde Dr Publicidad, Lola tomaba el relevo de la agencia Publicis, responsable hasta ahora de la publicidad de la óptica y que, además, era creadora de las campañas de Mixta. Estética vintage, guiño 'indie' a los auténticos y a los que son capaces de reírse del imaginario público costumbrista español concentrado en ese perro de escayola.

Esta vez, no era la gracia del concepto la que vertebraba el spot, sino la banda sonora escogida para el mismo: el Super disco chino de Enrique y Ana. Música ochentera, ochobitera, con un estribillo tan pegadizo que asusta y puede llegar a enervar. Creo que el éxito de esta campaña está en no abusar de sus apariciones en televisión sino dosificarla.

 


Para otro día dejaré mis elogios a la campaña de Mapfre y su encantadora comercial, Carolina. Pero para terminar, si el año pasado era Cruzcampo quien intentaba hacer sombra a Estrella Damm -aprovechando su 'traición' a la catalana- y adueñarse del verano mediterráneo, este año se suma Sandevid. Entre la idea del psico-camarero, la canción con mensaje y los multilemas -'saca lo bueno', 'el vaso medio lleno', etc- pierde fuelle por sobrecargardo y por poco innovador.

sábado, 10 de marzo de 2012

'La cara oculta', regreso voyeur a Manderlay

En el cine hay pocas cosas comparables a la primera vez que ves Rebeca. Si Elena Vallés decía que Io sono l'amore era como una gran ópera, la cinta de Hitchcock es como si una ópera se encerrara en una mansión. Tantos elementos y tantos matices que, cuando el The end se dibuja en la pantalla, debería guardarse el luto por lo menos un mes.

Confieso que he dado al play de La cara oculta con la certeza, que no sensación, de que no me iba a gustar. Cuando uno tiene poco tiempo para ver cine, el síndrome Boyero de  "para esto no pierdo el tiempo" se acrecenta. Error. El film de Andi Baiz es un guantazo en la cara por enteradilla. Si pensaba que era de esas cintas en las que el tráiler -además de destrozarte la historia- es mejor que la película, disfruta del gustazo de haberte equivocado.

Hace sólo unos meses que el film se estrenaba en España. Quim Gutiérrez y Clara Lago como protagonistas de lo que, en principio, era una oscura y tortuosa historia de amor. Pero La cara oculta si no es ópera, por lo menos es opereta. Un camino entre el thriller, el terror e incluso ciertos toques de comedia para descongestionar una tensión que va in crescendo y que atrapa al espectador más revenido. Más de hora y media después, me reconcilio con la cosecha del cine español de 2011.

Más de tres años de trabajo están detrás de esta coproducción hispano-colombiana con la Fox como productora. Hatem Khraiche Ruiz-Zorrilla es el autor del guión original que cayó en manos de Baiz después del estreno de su opera prima, Satanás. A una historia plagada de casualidades y del destino como explica el colombiano, le aplicó un giro de 180 grados para transformarla en un relato de personajes movidos por la pasión, la obsesión y la inseguridad. Al resultado lo bautiza como "una fábula siniestra".

La historia es la siguiente. Una chica, Belén (Clara Lago) decide poner a prueba a su novio, Adrián (Quim Gutiérrez) después de que sospeche que le es infiel. Su idea es fingir que le deja y desaparece; y encerrarse durante un tiempo en una habitación oculta en la casa en la que viven. La mansión, propiedad de un ex dirigente nazi, tenía un búnker en el que preveía refugiarse si alguien quería darle caza. "A veces me pregunto cómo reaccionaría Adrián si... no sé, me muriera", cuenta Belén inocente. Pero un error la dejara encerrada en su propia trampa.

Si fuera por la primera media hora -ésa en la que cualquier película debe de presentar todos sus elementos para intentar atrapar al espectador-, pocos aguantarían. Si de algo, lo único, peca la cinta es de hacer una introducción demasiado larga. Una sensación que aumenta después de un tráiler que prometía tensión. Adrián pasa más que rápido la depresión de la huida de su novia y se quita las penas en compañía de un nuevo ligue Fabiana, encarnada por Martina García. Y es que incluso la estructura del film mantiene la jerarquía de la historia. Las dos mujeres se convierten en los personajes principales. De manera que el arranque coincide con el primer encuentro de Fabiana y Adrián y seguirá su relación hasta que Belén haga aparición a través de la investigación de la policía por su desaparición. Será entonces cuando Clara Lago tome el relevo para contar su pasado.

En mitad de todo eso, Adrián es sólo una excusa argumental para contarlo todo. Un papel cómodo para Quim Gutiérrez que no acaba muy bien de encontrarse en el personaje. Tanto que a veces se le va totalmente y parece que estemos en Primos. De la frialdad pasa a un tono de comedia casi ridículo.

Pero La cara oculta es más que una habitación del pánico. Es la cara oculta que todos tenemos. Es la famosa sentencia de "cuidado con lo que deseas porque puedes conseguirlo". La de una Belén llevando al extremo sus celos o la de un Adrián que puede ser tan frío que resulte sospechoso. Con ella atrapada en su trampa será cuando resucite el espíritu de Rebeca. Se convertirá en un fantasma condenado a ver lo que antes era su propia vida, a través de un espejo. A la satisfacción inicial del objetivo conseguido (las lágrimas de su novio por su desaparición) le seguirá una desesperación absoluta por no poder salir de su escondite. Sobre todo cuando una nueva mujer llegue para usurpar su puesto. Entonces el fantasma cobrará más fuerza que nunca. Un Manderlay voyeur exquisito. La escena del sexo es, sencillamente, brutal.  

Si hace sólo unos días debatía sobre los papeles femeninos en el cine español y la insoportable Marta Etura, Clara Lago me demuestra que hay actrices que además de lucir saben interpretar. La gran pantalla ha visto crecer a esta jovencita que sabe escoger sus papeles cada vez mejor. Andi Baiz cuenta que para La cara oculta apenas planteó ensayos para Clara. Quería que su interpretación fuera visceral, espontánea. Y vaya si lo es. Desgarradora, angustiosa, brillante. Incluso los guiños del tipo "no sonrías puta, que no estoy muerta". Cuanto más lo pienso, más me gusta.

Sin caer en el spoiler, el desarrollo de la cinta es mejor cuantos más minutos pasan. Había mil formas de encarar un guión como éste. Y de cagarla. Pero Baiz sale más que airoso. Una vuelta de tuerca a cada momento. Una historia de fantasmas que se comunican a través del agua. Otro giro para que Adrián se convierta en el monstruo. Y otra vez los celos, la inseguridad, el miedo. El terror. Y la venganza. El último aplauso va para un final que deja satisfecho al espectador. Con cualquier otro el colombiano habría corrido el riesgo de romper la magia y caer en el ridículo. Boyero, no se lo digas a Laura pero a veces vale la pena robarle horas (con cine) al sueño.

jueves, 8 de marzo de 2012

Las hilanderas de Can Bonet

Sus hilos conservan la precisión y la maestría de una tela de araña. La perfección de sus telas, habla de un tiempo en el que el bordado cruzó la frontera entre la artesanía y el arte. La galería Lluc Fluxà exhibe ahora los vestigios de Can Bonet, un taller histórico que cuidó la calidad tanto como el diseño hasta hacer de la tienda su propio museo. Una propuesta poco frecuente en un espacio expositivo que combina una mirada hacia el patrimonio mallorquín con un nuevo punto de vista sobre qué puede ser arte.

Apenas un primer vistazo basta para convencer al espectador incrédulo. Acostumbrado a performances y vídeoarte, una exposición de grabados supone casi un viaje en el tiempo. Ya lo adelantaba Maria Lluc Fluxà tras el anuncio de su regreso al mundo de las galerías. Volvía sin intención comercial, entre asustada y decepcionada con "el desmadre del comercio artístico". La belleza y la blancura impoluta de los grabados de Can Bonet atrapan la mirada mientras el cerebro se divide entre la sorpresa y la duda de ver convertido en pieza artística lo que antes se creía doméstico. Lluc Fluxà expone 35 joyas históricas de la época dorada del taller. Una selección que va de finales del siglo XIX a mediados del XX y que permite hablar también de la incorporación de la mujer al trabajo y de los inicios del turismo en Mallorca.

Antes de ser Can Bonet a secas, Manuel Bonet Codina debutó en el mundo textil de la mano del empresario mallorquín Joan Pons. Juntos pusieron en marcha la antigua Casa Pons i Bonet fundada en 1862. Pero Bonet, catalán de nacimiento y el más pequeño de 17 hermanos, optó por emanciparse y establecerse en solitario casi cuatro décadas después.


^ FEMINISMO Y ARTE

Eran los años del impulso textil. Del trasiego de fábricas como un motor de la industria española. Una de las primeras puertas, también, a la incorporación de la mujer al trabajo. Primero, el bordado se convirtió en un elemento clave para la emancipación de mujeres solteras o de clase media que en aquella época estaban excluidas de muchas actividades industriales y comerciales. Después, su introducción paulatina en las fábricas corroboró su entrada en el mercado laboral.

Mantelerías, pañuelos, sábanas desfilaban por los talleres de Can Bonet. Pero Manuel, -"que siempre fue un visionario", como recuerda aún hoy su nieto, Alfredo Bonet- ya pensaba en algo más que el negocio. La utilidad del producto y las ventas comenzaron a compartir espacio con una nueva vertiente: la artística. Él mismo se encargó de proclamarlo y defenderlo en las páginas de la revista Mercurio: "Eduquemos, pues, a la mujer mallorquina para convertirla en verdadera artista, ya que tiene condiciones especiales para ello y esforcémonos sin descanso hasta lograr que sus trabajos obtengan artísticamente igual consideración que la pintura y la escultura".

"Manuel consideraba el bordado como un arte, y pronto empezó a guardar algunas piezas que no se vendían o que destacaban por su belleza. Su intención era crear un pequeño museo que pronto puso en marcha en la propia tienda", recuerda su nieto. Hubo, incluso, cuando mandó tejer expresamente para la exposición. "Y entonces, obligaba a coser en la propia tienda para vigilar el trabajo de cerca".

Los nombres de Ana Canaves, Coloma Capellà, Esperanza Cladera, Maria Solivellas o Catalina Sastre se pierden hoy en el entramado de hilos de sus bordados. "Esta exposición es también una manera de rendir homenaje a todas aquellas manos anónimas", afirma Maria Lluc. Sólo una de las piezas, una reproducción en nipis de 'Los comuneros' de A. Gisbert cuenta con la firma de Catalina Prats. La misma que fue premiada con la Medalla de Bronce en la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Una técnica litográfica tan exacta que cuesta imaginársela trazada con aguja.

Pero sería en la Exposición Universal de París de 1900 en la que cosecharían mayores triunfos, con el Gran Premio y la Medalla de Oro por cuatro alegorías bordadas alusivas al comercio, las artes, la agricultura y la industria. Bordados a mano sobre seda o lino que se exponen como las joyas de la muestra Fil a fil. El tren, el barco y la balanza de pago dibujados con un detallismo asombrante para hablar del comercio. Las representaciones de la pintura, la poesía o la música para hablar de las Artes.


 ^ DE LAS CAMISAS A TEMPLE FIELDING

La ropa interior y la camisería siempre fueron la otra faceta de Can Bonet. Una vertiente que también les valió reconocimientos fuera de la Isla como la Medalla de Oro que obtuvo en la Exposición Internacional de Higiene, Artes y Oficios y Manufacturas de Madrid en 1907. Desde tres años antes, el taller se había convertido, además, en el proveedor de la Real Casa. A partir de entonces confeccionó para la Familia Real numerosas mantelerías, pañuelos y juegos de cama. 

Durante los años de la Guerra Civil fue su experiencia en la llamada roba blanca la que les ayudó a subsistir gracias a los encargos que recibían del Ejército para confeccionar ropa militar y de tropa en general.

Los años 50 supusieron un gran cambio para Can Bonet. La que hasta entonces había sido una tienda histórica y de tradición ubicada en la palmesana calle de Sant Nicolau, comenzó a tejer para un mercado de escala mundial. Eran los años en que Temple H. Fielding recorría Mallorca elaborando sus famosas guías turísticas. Afincado en la Isla -donde había comprado una casa en Formentor- promocionó el turismo en el archipiélago hasta conseguir que 130.000 norteamericanos visitaran anualmente Mallorca durante la década de los 60.

"En una ocasión le ofreció a mi abuelo contar la historia del taller en una de aquellas Guías Fielding. La primera pregunta fue '¿cuánto me va a costar?'", recuerda entre risas Alfredo Bonet. Y no sólo no le costó nada resumir la trayectoria del taller sino que multiplicó los clientes que llegaban a él. "Los días que había barco era terrible, la tienda se quedaba casi vacía. Los americanos encargaban camisas a medida por docenas y luego se les enviaban a su país", continúa. Fue el inicio de una exportación que continuó a Alemania, Francia, Inglaterra, Puerto Rico o Argentina.

De aquella fama proceden, también, las dedicatorias que artistas de renombre escribieron para Can Bonet en sus viajes y que Lluc Fluxà incluye en la muestra. Desde Pau Casals a Joan Alcover pasando por Joan Fontaine o Luis Millet. Depsués de coleccionarlas como una suerte de libro de visitas, comenzaron, también, a bordarse para la posteridad.

Los nuevos planes urbanísticos de Palma acabaron con el histórico establecimiento a finales de los 70. La familia Bonet pleiteó, en balde, con el Ayuntamiento. "Se intentó continuar con el negocio, pero un taller como aquél no tendría sentido ahora. Podían pasarse un año para bordar un pañuelo, y ahora eso es algo impensable", reconoce Alfredo. Dicen que sus famosas cristaleras lucen hoy en un restaurante neoyorquino, símbolo de aquel sueño dorado tejido a mano que un día logró cruzar a otro continente.

Fotos de los grabados: Miguel Czernikowski




viernes, 10 de febrero de 2012

S'any de sa neu: aquella nevada del 56

Los ojos se aceleran aún bajo los párpados y la fase REM se diluye en un segundo. Los oídos se destaponan en mitad del sueño. "¡Está nevando!", escuchan. Y nieva. Pero no como la fina lluvia de copos blancos de otras veces. Al pequeño busto de piedra en el balcón del vecino se le ha dibujado una elegante boina blanca que parece espuma. Los coches se tapan y en los tejados desaparecen las tejas. Y sigue nevando. Se esconde la hierba y la Tramuntana se convierte en una subsede alpina. Se cortan carreteras y se congelan los aviones. No se ha visto nada igual desde 1956. Las portadas de los periódicos recuerdan la efemérides. Y en una casualidad casi perfecta, alguien recuerda que han pasado justo 56 años desde aquél que pasó a la historia como S'Any de sa neu.

Hace más de medio siglo. Un frente de aire siberiano alcanzó España en la mayor ola de frío que el país había sufrido desde finales del siglo XIX, justo cuando comenzaron las modernas predicciones meteorológicas. Fue la tormenta perfecta. Un gran anticiclón se extendió sobre las islas británicas y Escandinavia hasta Siberia. El frente cerró el paso al aire suavizador del Atlántico. Un tapón del que Agustí Jansà -director del Centro Territorial de la Agencia Estatal de Meteorología en Baleares- resume sus consecuencias: el aire eurosiberiano quedó aislado y acabó impulsado hacia la Península ibérica y el Mediterráneo occidental.

Pero la #siberia56 no fue una, sino varias. "Sería mejor hablar de dos o tres que se acumularon durante más de 20 días", aclara el catedrático de Geografía Física de la Universidad Autónoma de Barcelona, Javier Martín Vide. La primera (del 2 al 4 de febrero) fue la más fría junto con la segunda (del 10 al 12) fueron las más frías. La mínima absoluta fueron los -32 grados del Estany Gento, un observatorio de alta montaña en Pallars (Lleida). Su récord sigue imbatible.

La prensa se revolucionó. "Un año sin naranjas aboca al país a la falta de divisas", abrían los noticiarios radiofónicos. Los diarios derrocharon creatividad en sus descripciones. "Nuestras calles y nuestros campos son como una cebolla, que va engordando superponiendo capa sobre capa", publicaba Diario Montañés sobre Torrelavega. "En La Rioja Baja, el río Linares se heló varios días y los chicos iban a patinar". "Ayer amaneció otra vez la ciudad soplándose la punta de los dedos", decía La Vanguardia sobre Barcelona.

En Baleares el termómetro bajó por primera vez de 0 grados el 3 de febrero. La mínima histórica de Palma llegó el 12 de febrero con -3,5 grados; pero durante la gran siberiana, el aeropuerto llegó a marcar los -10º. "Creo que la nevada se prolongó durante una semana más o menos. Lo que ha caído estos días no es nada comparado con aquello", asegura el geólogo Andreu Muntaner. En Manacor la nieve alcanzaba dos palmos y medio. En Alcúdia y Formentor, 50 centímetros de grosor. Todo después de un mes de enero con un tiempo primaveral.

Había muchos menos coches en las calles, pero los pueblos quedaron igualmente aislados. "En Palma hoy en día se produce un microclima que antes no había. Las calefacciones, el movimiento de coches... todo contribuye a subir la temperatura en el interior de la ciudad", explica el geólogo. Quienes estaban en Lluc -que llegó a los -13,5 grados- y en las possessions de la Serra, quedaron incomunicados. Pero, para Muntaner, quienes lo pasaron peor fueron los militares de la base del Puig Major que se quedaban totalmente aislados porque no había máquinas quitanieves.

El frío se hizo sentir también en las casas. "En el interior de las viviendas era espantoso porque muchas se hacían con marès, una material que absorbe la humedad", recuerda Muntaner. La calefacción eléctrica era un lujo, y las estufas de butano también eran pocas. La mayoría combatía el frío con braseros.

En Sa Pobla, Miquel López Crespí recuerda que en los corrales se ubicaba, también, la leñera. "Nunca había miedo de pasar frío", asegura. Las gavillas eran de almendro o de los pinos de la zona de Aucanada o cualquier lugar de la bahía de Alcúdia , "entonces sin hoteles".

A las reservas de víveres ayudaron los hornos familiares que aún tenían algunas casas y en las que madres y abuelas hacían pan. "Las carnicerías no mataban porque estaba todo parado. La gente hacía las matanzas en su casa y mataba al gallo del corral. Hasta el punto de que casi no quedaron gallos. Gallinas no, porque se necesitaban los huevos", rememora Sebastià Ferrer. Hubo quien también encontró el punto de vista positivo. "S'Any de sa neu mató a la mosca y los olivos no tuvieron carcoma. Era marzo y aún recogíamos aceituna. Fue el año que estuvo mejor el aceite de Capdepera", aporta Mateu Orpí. "Hoy la grisácea techumbre ha puesto una luminosidad exótica sobre Mallorca", describían los periódicos.